Tecnología, interacción, elección y libertad
Si la tecnología controla todos los resultados de forma rutinaria (como si se tratara de una tubería de datos) hay un alto riesgo de que se convierta en obsoleta, cada vez menos utilizada o tan rutinaria que apenas sea interactiva. Muy parecido a comprar un billete de en una máquina automática: sí, usted tiene opciones, pero difícilmente se puede llamar a esto un acto interactivo.
Esta frase de Saskia Sassen acerca de las smart-cities que hizo en esta entrevista resume perfectamente uno de los grandes riesgos de este tipo de ciudades: el hecho de que la tecnología esté tan presente hasta el punto que parece gobernarlo todo convierte a la ciudadanía en meros consumidores de opciones predeterminadas (¿por quién? ¿gobernantes? ¿empresas?), por muy interactivas que sean las relaciones entre ambos.
Y es que interacción, elección y libertad son conceptos muy próximos pero no son lo mismo y no deben confundirse. Y menos aún deliberadamente, algo que por desgracia estamos acostumbrados a ver en otros ámbitos, el más dramático de los cuales es el político, que está llevando a la democracia representativa hasta los límites más absurdos en pos de una libertad cada vez más limitada y sesgada.

Soy una persona versátil, transdisciplinaria y apasionada, con una formación híbrida que combina lo técnico y lo sociológico: he trabajado como arquitecto, desarrollador de Drupal, gestor de proyectos, docente, investigador y científico de datos, realizando tareas de procesamiento y visualización de datos con R y trabajando con datos geoespaciales mediante QGIS.
Mis intereses de investigación se enmarcan en los estudios urbanos y, más concretamente, en las dinámicas de mercantilización que surgen de la interacción entre ciudades, tecnología y sociedad. Hasta la fecha, me he centrado en las desigualdades sociales y espaciales con el fin de hallar vías para lograr ciudades más sostenibles e igualitarias, mejorando así el bienestar de las personas.
